jueves, 14 de junio de 2012


EL ALBAÑIL QUE SOÑABA CON SER BAILARÍN



    José, así se llamaba, era albañil por herencia, su abuelo y su padre lo habían sido y él no podía ser menos, para ellos, me refiero a su abuelo y a su padre, era una profesión de machos. Sin embargo algo tenía de especial, cuando  debía realizar tareas un poco más delicadas, como por ejemplo colocar los azulejos a un baño o una cocina, o realizar trabajos con yeso. Si uno lo hubiese clasificado solo por su aspecto físico y con solo mirarles las manos, no lo hubiese dejado tocar nada que sea frágil por el solo temor a que lo quebrara todo. Por eso siempre lo mandaban  a descargar los camiones con los materiales que llegaban para la construcción o para mover alguna herramienta que pesaban demasiado y él acostumbrado a eso, bajaba la cabeza y sin decir nada, realizaba su trabajo.

    Por la noche, quedaba a cargo de la obra, o sea era el sereno, y a pesar de su cara de niño, su aspecto transmitía respeto.

    Víctor, junto con sus amigos, se juntaban los fines de semana junto a la obra para jugar con la arena que descargaban los camiones a orilla de la futura vereda, así, se fueron haciendo amigo de José.
    Los niños se entretenían conversando con él, ya que le gustaba contar historias y adivinanzas. Así se pasaban las horas.

      -  Haber quien adivina, decía, estaban cruzando el río la mamá  elefante con sus 3   
         elefantitos, cuando llegaron  hasta la otra orilla, unos de los elefantitos dijo, que suerte    
         que pudimos cruzar  los 5,  por qué dijo los 5 si eran 4 ?,  nos preguntaba.

      -  Porque la mamá elefanta esta por tener otro hijo, respondían a coro

- No, no, decía, el elefantito dijo los cinco porque no sabía contar, y se moría de risa.
Y así,  se despedían a coro con un Uuuuuu !!!,  hasta el día siguiente.

   Durante la semana José trabajaba duro en la obra y solo se limitaba a saludarlos cuando pasaban por ahí al salir de la escuela; sólo los fines de semana es cuando disponían de tiempo al igual que él, para sentarse a conversar y comenzar nuevamente con sus cuentos y adivinanzas.

   Pero una vez, la conversación fue distinta, ya no fue un cuento el que intentaba contarles sino más bien una confidencia de su parte. Comenzó preguntándoles si alguna vez habían ido a un teatro a ver valet, les dijeron que no, pero sí habían visto algo de eso en la televisión, en esa época era en blanco y negro y solo funcionaba, al caer la tarde, hasta las 23:00 hs.


      -     Y que les pareció?, les preguntó con una sonrisa en su boca.
-          Pero, José,  esas  cosas son de mariquitas, respondió uno de los niños amigo de Víctor, antes que  pudiera éste emitir su opinión.
José bajo la cabeza y no volvió a hablar más del tema ese día ni los días que siguieron.

   Llegaron las vacaciones de invierno y los amigos de Víctor se fueron a visitar a sus parientes que vivían en otras provincias quedándose en casa, ya que su situación económica no daba para salir de vacaciones, lo mismo le pasaba a José, solo que este debía trabajar.

   Una tarde decidió ir a visitarlo después de haber ordenado su habitación que hacia días que sus padres le venían reclamando. Fue una alegría cuando se encontraron, se sentaron a conversar, como siempre él lo hizo en su sillón todo destartalado, con los resortes todos vencidos, que algún coleccionista o anticuario lo hubiese reparado para venderlo como una reliquia a un precio exorbitante, pero como ellos desconocía por completo ese tema, lo más probable era terminar como leña para algún asadito.

   Comenzaron a conversar sobre temas en general, pero para Víctor lo que realmente le interesaba era tocar el tema del valet. No sabía cómo hacerlo para que no se sintiera incómodo con la conversación y cambiara de tema.


-          José, le dijo, la otra noche estaba viendo en la televisión una  película, donde en una obra de teatro estaban bailando el lago de los Cisnes de un tal Chaikovsky o algo así, y agregando dijo: me pareció muy  hermoso.

   Logrando de esa manera llamar su atención, cumpliendo de esta manera su cometido.

    -   En serio te gustó?, le dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

   Eso fue suficiente para que le contara todos sus sueños, sus frustraciones, sus deseos de haber sido un bailarín de valet, como lo fueron los Rusos Rudolf Nureyev (1938/1993), Mijail Barishnikov(1948), Vladimir Vassiliev (1940) entre otros o el Argentino Jorge Donn (1947/1992). A su vez le  mostró un montón de revistas y libro con fotos, testimonios y obras de teatro, que tenía muy bien guardados, temiendo que alguien las descubriera y pensara otra cosa de él o se rieran en su cara ofendiéndolo por su condición de persona obesa.

   Víctor sintió un nudo en la garganta y un dolor muy grande en su corazón,  pensando en lo injusta que a veces es la vida, cuando estuvo a punto de decírselo, sintió la voz de su papá que lo estaba llamando, ya eran más de las 21:00 horas y Víctor se encontraba fuera de casa.

   Su papá estaba furioso, porque pensó que le había pasado alguna cosa, sobre todo por la hora que era, le dio un buen tirón de orejas y le hizo prometer que no volvería más a ese sitio, ya que consideró que no era un lugar apropiado para que un niño de su edad estuviera a esa hora allí, pienso que lo hizo por el propio temor de Papá de cuidar a  sus hijos. Y así lo hizo.

   El secreto entre José y Víctor fue muy bien guardado hasta ahora, porque estoy seguro que José no se va a  molestar si se entera que se los conté,  porque sé que tanto ustedes, al igual que Víctor en una noche de Gala en el Teatro Colón en la ciudad de Buenos Aires, lo estaremos aplaudiendo de pie antes de caer el telón, posiblemente en la próxima parada.-

                                                                                                                                        CESO

lunes, 28 de mayo de 2012


UN DULCE RECUERDO


                                             Con su impecable guardapolvo blanco que tapaban  su pronunciada barriga, sus zapatos negros bien lustrados aunque con el cuero ya ajado por el uso, se encontraba Renato el peluquero del barrio realizando su trabajo con un placer que contagiaba, con las tijeras en una mano y en la otra el peine sus ágiles manos se movían de tal manera que de lejos parecía que estaba dirigiendo una orquesta;  no se como hacia, pero al golpear las tijeras contra el peine emitía un sonido como si tuviera un par de castañuelas.

                                        Una vez terminado su trabajo y de haber retirado los pelos, con una especie de brocha  untada con talco, que quedaban atrapados entre el cuello del cliente y una especie de capa sin mangas para proteger el resto de la ropa, mostraba con otro espejo con orgullo el trabajo terminado.-

                                                  Hernán tenía unos 10 años cuando frecuentaba la misma  a pesar de tener el pelo corto, solo que Renato, el peluquero,  no lo sabia y nunca lo supo  que Hernán estaba perdidamente enamorado de su hija de solo 8 años de edad.-
   Por supuesto que se trataba de esos amores platónicos propios de la edad, ya que ella, me refiero a su hija ni siquiera le prestaba la menor atención.-

                                                Siempre que iba a la peluquería la veía a través de la puerta de madera y vidrio que daba a la sala de su casa jugando con sus muñecas, siempre con su vestido almidonado tipo campana, con sus medias blancas 3/4, así se las llamaban porque dejaban descubiertas las rodillas y unos zapatos de charol negros con un botón a cada costado para sujetarlos y cerrando todo el escenario, como broche de oro un enorme moño azul en el cabello sosteniendo su cola de caballo.-

                                        De vez en cuando entraba a la peluquería para pedirle dinero a su Papá para realizar algún mandado y Hernán temblaba de emoción al verla tan bonita y graciosa dejando escapar un suspiro, pero ella lo ignoraba por completo.-
 Como no  estaba tan apurado para que  lo atendieran, dejaba a veces pasar algunos clientes al frente; cuando le tocaba su turno, Renato siempre le preguntaba lo mismo:

      -    Y como quiere que le corte el cabello mi amigo (sabiendo ya la respuesta y lo que luego 
            sucedería, solo que sin importar la edad, siempre respeto mucho a sus clientes)-

     -     Corte un poquito de cada lado.

     -     Esta seguro?

-       Si, si, le respondía, sabiendo que a la media hora estaría de regreso para cortarlo mas corto pues no estaban los tiempos para volver cada 15 días.

     A Hernán le daba mucha vergüenza, solo que el costo valía la pena ya que volvería ver a su hija una vez mas.-

                                    Y así se pasaban los días, entre mandados y juegos ya que para cada ocasión tenían uno diferente, primero eran las figuritas, luego venia el trompo, después las bolitas y por último el montar barriletes, todo esto con algunos partiditos de fútbol intermedio que organizaban en forma inmediata, improvisando una  pelota de trapo con medias en desuso, el problema se producía cuando la pelota caía al agua, nadie quería recibirla porque al girar la misma y al estar tan empapada  salpicaba a todo el mundo, agravándose el problema cuando golpeaba contra la pared de la casa de algún vecino manchándola toda, ahí se producía las mayores corridas cuando el dueño de casa salía con una palo de escoba a correrlos sobre todo a la hora de la siesta, que se extendía en verano entre las 12 del medio día y  las 17 h. 
    Al ser los días tan calurosos, los negocios permanecían   todos cerrados entre esos horarios.  
Es cuando los niños  aprovechaban para vestir unas bermudas, sin camisa y unas hojotas,  e irse a bañar algún canal de riego que pasaba costeando el barrio y de esa  manera  sus mamás poder  lavar la ropa y luego plancharla para tenerla impecable para salir de casa cuando caía el sol,   es decir era la misma remera y  pantalón de siempre pero como digo recién lavados y planchados eran otra cosa, y así como unos caballeritos intentar entrar en el juego de las niñas, que eran,  o saltar la cuerda, jugar a la rayuela o improvisar algunos cánticos traídos de Europa, que nadie entendía, como Sobre el puente de Aviñón, todos bailan todos bailan, sobre el sobre el puente de Aviñón todos cantan y yo también ... o  La farolera tropezó y en la calle se cayo...


                                         Realmente ahora me parece gracioso, pero en la mente de un niño era todo un desafió sobre todo estar delante de las niñas y muy cerca de la hija del Peluquero, que apenas el último  rayo de sol se ocultaba en el horizonte, se acababa el romance, porque la Mamá la llamaba para que entrara a su casa, ya que consideraba que ya era muy tarde.-


                                        Los días domingo la cita era a la misa de las 10 h., la ropa había sido lavada la noche anterior, y en vez de zapatillas,  lustraba sus zapatos que se veían impecables, por arriba, ya que la suela contaba con dos enormes agujeros cada uno que tapaba con unas plantillas hechas de cartón.
   Al salir de casa debía esquivar todo charco de agua o barro sino antes de llegar a la Iglesia el cartón  ya habría desaparecido.-


                                          Todo  marchaba sobre ruedas, el peluquero se encontraba con su esposa y su  amor, bueno su hija,   sentados en la primera fila, y Hernán  sentado con sus amigos en el banco de al lado hasta que al Padre Juan, así se llamaba el  sacerdote de la Iglesia Sagrado Corazón de Jesús, se le ocurría que debían arrodillarse, sobre todo cuando después de haberse confesado tenían  que ir al frente a tomar la comunión y por supuesto arrodillarse, ahí es cuando le corría una gota de sudor por su espalda, y las orejas comenzaban a entrar en calor,  ya que no tenía como ocultar los agujeros de sus zapatos, hasta que se le ocurrió que la única manera de estar de frente al publico era volverse monaguillo o sea ayudar al sacerdote a dar la misa.-


                                       Y fue así que después de estar una semana por la tarde practicando ayudo a dar la misa el  Domingo siguiente, solo que le toco, en vez de una campanita que debía tocar cada vez que el Sacerdote se arrodillaba,  llevar una especie de copa metálica atada a unas cadenas donde salía humo, lo que se llama incienso encendido que en la medida que uno lo balancea  de un lado a otro, aviva al incienso encendido saliendo  por unos agujeros mas humo de lo normal  que no lo dejaban respirar, intentando en todo momento evitar toser cosa que no lo pudo lograr interrumpiendo al Sacerdote en varias ocasiones, de todos modos estaba frente a su amor por lo que de los nervios balanceaba cada ves mas de prisa el envase haciendo que el humo al estar Hernán arrodillado, fluyera de abajo hacia arriba, pues el Sacerdote tenía oculto debajo de la mesa donde  descansaba una enorme Biblia un pequeño ventilador, de tal manera que se formo una humareda, convirtiendo al altar en un escenario y al Sacerdote en un cantante de una de la mejores banda de rock saliendo entre la humareda.-.-

                               Al terminar la misa, antes que el mismo  le llamara la atención, Hernán había huido no queriendo saber mas nada del asunto, de todos modos la carrera de sacerdote no era para Hernán ya que practican el celibato eso no estaba en sus planes.

                              Sumado a todo esto, y para colmo de males el  cabello de Hernán no crecía lo suficiente para volver mas seguido a la peluquería, sin la necesidad  de haberse convertido en monaguillo, ya que el domingo venidero eran muchas las explicaciones que debería darle al Padre Juan.-

                                Y llego el día…, se puse lo mejor que tenia, es decir la misma remera y pantalón de siempre, limpió sus zapatillas con tiza blanca que traía de la escuela para ser usada en ocasiones especiales, la mojaba y la pasaba sobre la tela de las mismas, cuando se secaba quedaban impecablemente blancas,  solo que tenia que tener la precaución de no golpear muy fuerte el pie en el piso para evitar  el polvo blanco que se desprendían de ellas y saliendo de su casa y  antes de tentarse con otra cosa se fue directamente a la peluquería.-

                                 Al llegar se llevo una gran sorpresa ya que la misma se encontraba cerrada, le extraño mucho, pero sin mucho preámbulo decidió volver al día siguiente, paso por la vereda por dónde normalmente jugaban las niñas, pero su amor no estaba ahí, por lo que esta vez decidió volver a su casa para realizar la tarea que tenia atrasada y  ver a su Madre feliz de saberlo  en casa.-

                                 Al día siguiente ocurrió exactamente lo mismo, la peluquería permanecía cerrada, dio la vuelta y golpeando las manos por los fondos de la casa fue atendido por una señora que nunca había visto informándole que Renato, el peluquero había caído enfermo y se encontraba internado en la Capital y que su familia había viajado para acompañarlo.-
   Sintió una gran desilusión, sin darse cuenta de la situación e inocentemente, lo único que se le ocurrió pensar era que su amor se había ido sin despedirse de él.-

                                     De rabia, con el dinero que tenia para cortarse el cabello, se fue a comprar un helado, cruzo la calle , fue hasta la plaza, se sentó en unos de sus bancos y con la mirada perdida pensando en todos los sacrificios que había hecho por amor,  devoro todo el helado,
sabiendo que el costo a pagar iba a ser muy alto, quizás un buen coscacho o un buen  tirón de orejas por parte de su Papá, por haberse gastado el dinero en otra cosa,  pero nada iba a ser peor que lo que había hecho su amor al irse sin avisarle.-

                               Renato, el peluquero no volvió nunca mas, su familia vendió la casa, la peluquería desapareció y su primer amor de ocho años junto con todos sus sueños quedaron en su recuerdo, unos de los recuerdos mas dulces de los tantos que las personas guardan a través de los años.


                                                                                                                                CESO

sábado, 12 de mayo de 2012


POR UNA GAROTA…

   Bruno era periodista y corresponsal de un diario del interior del país, su fuerte era escribir artículos sobre ecología y política, de vez en cuando salía a cubrir algunas entrevistas  de algún personaje o evento importante. 
   Estando de vacaciones, recibió llamada telefónica de su  mejor amigo, Marcelo, hoy  representante  de espectáculos, digo hoy, porque ya había tenido un sin fin de profesiones.
   La llamada en cuestión era para saber si se animaba a  cubrir periodísticamente la gira de una Banda de Rock Pop que quería hacer su primera incursión en otro País, para hacer conocer  su música y proyectarse a nivel internacional.

-          Dejame  pensarlo-, le dijo,  esa no es mi especialidad, yo escribo artículos más bien críticos sobre medio ambiente, política, etc., pero no sobre espectáculos y mucho menos sobre una Banda de Rock.

-          Pero, Bruno, eso es justamente lo que quiero, la critica, estas de vacaciones,  sin hacer nada, -eso es lo que él creía,  -todos tus gastos van a ser pagos,  por otro lado, la vamos pasarlo bárbaro, disfrutando del sol y playa ya que la gira es en Brasil-.

-     Brasil? , estas loco, que voy hacer yo en Brasil, siendo un pingüino de la
       Patagonia, por otro lado estoy en un proyecto que por ahora no puedo dejar de   
       lado.

-          Bruno, te conozco, a no ser que estés metido en algo muy especial y te hayan atrapado podes rechazar esta oferta, o me equivoco.

-          Si y no, pero cual esa Banda de Rock que representas y que quieres llevar para ser
      conocida en otro País.

-          La Banda es “Gato Negro”, te acuerdas, cuando la fuimos a ver la vez que actuaron en aquel barcito cerca de la Terminal de Ómnibus, hasta le compraste un CD porque te había gustado una de sus músicas.

-          Estas loco, una cosa es que actúen en Argentina, en una ciudad del interior del País donde todo el mundo habla su misma lengua y otra que la lleves a otro País, dónde hablan portugués y que desde  la época de Pedro Álvares Cabral allá por el 1500 no nos tienen mucha simpatía, agravándose aun más la cosa por culpa del Diego.-

-          Justamente, es ahí mi querido Bruno dónde esta el gran desafío, imagínate, “Gato Negro”, una banda de Rock Pop de la Patagonia Argentina  triunfa en Brasil, antes que en Buenos Aires, que golpe hermano, que golpe.-

-          Yo pensé que era el único que soñaba despierto, pero me equivoque, resulta que unos de mis mejores amigos me acaba de superar. Y cuales son tus contactos allá., en Brasil?

-          Bueno, por ahora una sola persona, es una promotora de eventos de Rio de Janeiro, con una gran trayectoria y experiencia, según me dijeron tiene muchos contactos en los medios, de todos modos pienso viajar antes, ver toda la movida allí, y luego entonces sí,  hago viajar a la banda junto contigo, que te parece.-
             


   Bruno no podía coordinar, estaba confuso, tampoco podía decirle que sí y crear falsas expectativas, su mente estaba en otro lado, tenía  muchas cosas que resolver aun, continuar con sus investigaciones y no podía por el momento dedicarse a otra cosa, quizás lo que si podía hacer era derivar esa responsabilidad de acompañar una banda totalmente desconocida a un colega de confianza y quizás porque no un poco mas joven, o mejor dicho más audaz.-

   Y así fue que Marcelo viajo al Brasil, a la semana mando los pasajes para la Banda y un pasaje a nombre del colega de trabajo de Bruno para que los acompañara en la gira, mientras él continuaba con sus historias.-

   A medida que pasaban los días y Bruno continuaba con sus pesquisas, recibía periódicamente, mejor dicho todos los días información de la gira de la Banda, su amigo colocaba en todos los sitios de internet que podía las fotos y videos de la gira, parecía un niño en un parque de diversiones, lo que sí, nunca dejaba de hablar maravillas de la promotora de Río.

   Los integrantes de la banda “Gato Negro”  llegaron al país después de 10 días de gira por varios Estados de Brasil, con todos los honores por parte de los medios de Buenos Aires. Hasta regresar a su tierra natal fueron acompañados por el colega de trabajo de Bruno; de su amigo personal, Marcelo y  representante de la Banda ni noticias, se enamoro perdidamente de la promotora de Brasil y se quedo por tiempo indeterminado en Rio perdido en alguna playa de  Ipanema , el muy caradura le echó
      la culpa de todo a  Vinicius de Moraes…

   

       Olha que coisa mais linda,                                             Mira que cosa hermosa,
       Mais cheia de graça.                                                        Mâs llena de gracia.
       E ela a menina que vem e que passa,                        Ella es la chica que aparece y desaparece,
       num doce balanço a caminho do mar.                        una dulce manera de equilibrar el mar.
       Moça do corpo dourado do sol de Ipanema               Chica del cuerpo dorado el sol de Ipanema,      
       O seu balançado ê mais que um poema,                  Su balance es mâs que um poema,
       E a coisa mais linda que eu já vi passar.                   Es la cosa mâs hermosa que He visto pasar.

                                                                                                    

                                                                                                                                                                             CESO

lunes, 7 de mayo de 2012


VER Y MIRAR

Como no quiero ser diferente al resto de los mortales y sobre todo de aquellos que disponen de la tecnología como una computadora  y por supuesto la correspondiente conexión a internet, cosa que también se está dejando de lado en los lugares que proveen de este servicio gratis mientras se disponga de una Lap Top, provista de conexión wireless  o wi-fi, se me ocurrió pesquisar en Google cual era la diferencia entre Ver y Mirar.
Por supuesto que el diccionario nos da una determinada definición y los que participaban de la discusión otras que de alguna manera coincidían.
Decía por ejemplo que el verbo Mirar significa dirigir la mirada en una dirección, mientras que el verbo Ver implica que miramos y además prestamos atención a lo que miramos. También decía que se puede Mirar sin Ver y que aprender a Mirar es, fundamentalmente, aprender a prestar atención.
Ahora bien, todo esto surgió porque me puse a pensar que durante toda nuestra existencia miramos, lo cual no es ninguna novedad, con los mismos ojos, desde que nacemos hasta que morimos, entonces significaría que si  nos viéramos por única vez en un espejo en cualquier etapa de nuestra vida  y no lo volveríamos hacer nunca mas, guardaríamos esa imagen , sin importar la cantidad de años que hayan pasado,  por más que tuviéramos 70 años nuestra cara seria la que nos quedo grabada después de no volver a mirarnos más al espejo. Veríamos envejecer a nuestros padres, a nuestros amigos y ellos por supuesto a nosotros, pero nosotros seriamos siempre jóvenes, porque nuestros ojos siguen siendo los mismos.
Por supuesto que todo esto que están leyendo no es tan así, nadie dejaría de mirarse a un espejo, nadie dejaría de mirar su cuerpo, sus manos y vería como están envejeciendo.
Con esto quiero decir  que los ojos, que son los que nos permiten ver y atreves de ellos mirar,  no envejecen nunca, uno puede tener mas o menos visión, usar o no lentes, pero los ojos son los mismos y al estar conectados directamente a nuestro cerebro, la mente  nos permite encontrar la diferencia entre Ver y Mirar.
Pero también hay una tercera palabra que es la de observar, esto resulta mas un acto físico o mecánico como el Ver, por eso decimos hemos perdido la visión cuando interviene el ojo, en cambio mirar es un acto más humano, donde ya interviene la mente, que permite usar la imaginación y porque no, emitir opinión sobre lo que se está viendo.
Por ejemplo, he visto y mirado a persona con una determinada edad y vestidas con ropa no muy de acuerdo a la época y a sus años.; para algunos puede resultar hasta ridículas, ahora bien, quien puede negar que quizás esa persona se sienta bien así, que es ahí donde quedo su mente la vez que se miro al espejo y gusto de su figura y la manera de vestirse, fue en esa época donde se sintió feliz sin importar sus años, porque sus ojos reflejaron su imagen y su mirada conquisto y grabó ese momento y también porque sus ojos siguen viendo con la misma claridad que lo hicieron desde que nacieron.
Entonces quienes somos nosotros para criticar cuando una persona usa peluca o se adorna los dedos, orejas o cuelga de su cuello adornos, se tiñe el pelo con colores estrafalarios, puede ser que quieran hacerse notar, que quieren decir al mundo aquí estamos nosotros y somos felices así y a nadie molestamos con esta actitud  y si así lo hicieran,  es mejor verlos y no mirarlos.-
Por eso quiero compartir este cuento que leí de autor anónimo y que de alguna manera expresa todo este relato:
                                                                                                                               CESO

   Sucedió una vez que la gente de una tribu de África noto que sus vacas producían menos leche que antes y no explicaban el motivo.

Un joven se ofreció a velar toda la noche y ver que podía estar pasando. Después de varias horas de espera en la oscuridad vio algo extraordinario. Una joven muy bella bajaba del cielo montada en un rayo de luna, trayendo un gran cubo. Ordeño las vacas, lleno el cubo con la leche y volvió al cielo montada en el rayo de luna, el hombre no podía creer lo que había visto.

A la noche siguiente puso una trampa y cuando vino la doncella a ordeñar las vacas él acciono la trampa y la atrapo

-¿quién eres?- le preguntó,
Ella le explico que era una doncella celestial miembro de una tribu que vivía en el cielo y no tenían con que alimentarse de modo que le habían encargado que bajara a la tierra de noche y recogiera la comida. Ella le rogó que la liberara de la red y haría lo que él le pidiera. El hombre respondió que la liberaría solo si ella accedía a casarse con él
-“me casare contigo"- dijo la doncella pero debes dejarme ir a mi casa tres días a prepararme después volveré y seré tu esposa, él estuvo de acuerdo.
Tres días después la doncella regreso portando una caja grande " seré tu esposa y te haré muy feliz" le dijo al joven, pero debes prometerme que nunca miraras lo que hay dentro de esta caja.
Durante varias semanas fueron muy felices. Hasta que un día mientras su esposa estaba ausente el hombre fue dominado por la curiosidad y abrió la caja. No había nada en ella, cuando la mujer regreso vio que su marido la miraba con una mirada extraña y le dijo
-"miraste dentro de la caja" ¿ no es cierto?- No puedo seguir viviendo contigo
-"Por qué- pregunto el hombre" -¿qué hay de terrible que mire el interior de una caja vacía?-
-"No te abandono porque hayas abierto la caja de todos modos supuse que lo harías. Te abandono porque dijiste que estaba vacía y no lo está, está llena de cielo, contiene la luz y el aire y los olores de mi casa en el cielo. Cuando volví allá por última vez llene la caja con todo lo más preciado para recordar siempre de donde provengo ¿cómo puedo ser tu esposa si lo que para mí es lo más precioso para ti no es nada?.

(Autor Anónimo)

                                                                                

jueves, 26 de abril de 2012


EL PETROLERO FOTÓGRAFO


   Si  bien su trabajo es muy bien remunerado, en algunos casos no se deja de ser un empleado bajo las ordenes de un patrón, por eso el que trabaja en un banco es un bancario, el que lo hace en una carpintería es un carpintero y el que trabaja en el petróleo es un petrolero.

   Decir que un petrolero nunca sacó una foto es como decir que una persona de niño nunca anduvo en bicicleta, mucho más ahora con las cámaras digitales que a las milésimas de segundos, después de sacar una foto, ya se la está viendo en una pequeña pantalla, teniendo  como variante que si no gusta se la puede borrar. Sumado a esto están  los teléfonos celulares, que no sólo sacan fotos, sino que también  filman, invadiendo a veces la intimidad de las personas, y en algunos casos haciéndolas famosas cuando las colocan en Internet, por eso sacar fotos hoy en día es cosa de niños.

   Ahora ser fotógrafo o adoptar esa profesión es otra cosa, ya que son varios los factores que hace a un buen fotógrafo, tampoco significa tener una buena cámara con poderosos lentes si no se tiene la sensibilidad suficiente para detener esa imagen de la cual uno se enamora por unos minutos.

   Heraldo era ese hombre, su profesión no era la de fotógrafo, era justamente la de petrolero en el sector Geología, entonces deberíamos decir que era un geólogo petrolero.

   Sumamente estudioso del tema, se transformaba en un niño cuando encontraba un mineral incrustado en una piedra que solo él veía; en sus viajes ya había pagado varias veces exceso de equipaje, prefiriendo dejar algunas cosas personales antes de deshacerse de sus piedras.

   Me lo imagino llegando a su casa después de un mes fuera de ella, sus pequeños hijos esperando junto a su esposa recibir algún regalo y éste al abrir sus valijas sacando sólo piedras y mostrándoselas con una inmensa pasión.

   La verdad que, fuera de mi imaginación, uno de sus sueños era la de fundar un Museo de Ciencias Naturales, para mostrar a las personas interesadas en el tema las riquezas que fueron dejando las distintas eras geológicas a través de los siglos, ya que un geólogo apasionado por su profesión, como lo era Heraldo, no podía ser indiferente al paisaje que lo rodeaba.

   Y justamente por no ser indiferente a ese paisaje  es que encontró una nueva pasión, la fotografía, pero no sólo la fotografía dirigida a hermosos paisajes, sino la que apuntaba a la botánica.

   Esa nueva pasión dio como resultado que comenzara a investigar una enorme cantidad de especies de la flora regional llamada Mata Atlántica o Serra do Mar, en Brasil y de otros países a los que visitó.

   Viajar junto a él, era como hacerlo con catálogo parlante. A plantas  o especies que pasaban desapercibidas para nosotros, él les encontraba algo especial, y con toda paciencia y delicadeza le sacaba una foto, a veces con algún visitante incluido, me refiero a algún insecto distraído. Luego comenzaba su explicación, dando no sólo el nombre común de la especie, sino también su nombre científico, por ejemplo el Lirio o Jacinto de agua, decía, es una flor muy aromática, tiene  científicamente el nombre: de Echhornia Crassipes,  crece a orillas de …., y así sucesivamente nos iba dando los detalles de cada especie, mezclando la conversación con alguna anécdota, como cuando una vez que venía distraído, lo cual no era ninguna novedad, al cruzar el alambrado entró en el campo de su cuñado y éste al no conocerlo lo sacó a los tiros.

   Heraldo nos trasmitía todo lo que él sentía en esos momentos, se lo veía feliz y realizado, parecía un niño en un bazar de juguetes con todos ellos a su alcance, sacaba fotos a todo lo que se moviera o estuviera estático, sobre todo a las flores, desde la más insignificante hasta la más hermosa, no había ninguna diferencia para él. Solo paraba cuando el sol comenzaba a desaparecer en el horizonte, guardaba su cámara y se preparaba para regresar a su casa, comenzando una nueva ansiedad que era la de ver sus fotos plasmadas en un papel.

   Como su régimen de trabajo era de 14 días de descanso por otros 14 días de trabajo y habiendo cumplido con su descanso, comenzaba para él la tortura, ya que sabía que esos 14 días como petrolero eran interminables, lamentándose por no ocurrir lo contrario cuando estaba de descanso, haciendo lo que realmente lo hacía feliz, que era ni mas ni menos que formar parte de la naturaleza, rescatando las especies de las cuales algunas de ellas comenzaban a desaparecer y esa era su mayor preocupación y sufrimiento ya que sentía interiormente que no le iba a alcanzar los años que le quedaban de vida a pesar de ser todavía joven para salvarlas a todas ellas. Lo único que le quedaba era sacarles fotos y plantar semillas de distintas especies para que las generaciones venideras no corrieran el riesgo de quedarse afuera sin apreciar semejante tesoro.

   Se que su familia se componía por su esposa y  dos hijos varones, y que de alguna manera los amaba a su modo, su esposa le reprochaba sus ausencias porque consideraba que estaba haciendo algo que no le representaba ninguna ganancia, y por otro lado era muy difícil que sus hijos pudieran seguirle el paso ya que en una oportunidad  llego a caminar mas de 65 km solo con una garrafita de agua saliendo a la mañana muy temprano de su casa, regresando caída la noche, sin probar bocado alguno.

   Así era Heraldo, un amante de la naturaleza, de las plantas, de las flores, unos de los últimos románticos solitarios que lo registraba todo a través de su máquina fotográfica, y que tuve el placer de conocer.

   Es por eso que mediante este cuento de  autor anónimo que por accidente llegó a mis manos pretendo, de alguna manera, reflejar sus sentimientos y su amor por la naturaleza.

Un hombre trabajaba en una fábrica distante a cincuenta minutos en ómnibus de su casa.
En la próxima parada siempre subía una señora anciana que nunca dejaba de sentarse  junto a la ventanilla.
Ella abría su bolsa, sacaba un paquetito y se pasaba todo el viaje arrojando alguna cosa para afuera..
La escena siempre se repetía y un día, curioso el hombre, le preguntó qué arrojaba por la ventana.

- Tiro semillas, respondió ella. -
- ¿Semillas? ¿Semillas de qué?-
- De flores. Es que veo para afuera  y la ruta está tan vacía... Me gustaría poder viajar viendo flores coloridas por todo el camino. ¡Imagine cuán bello sería!-
- Pero las semillas caen sobre el asfalto,  son aplastadas por las ruedas de los autos, devoradas por los pájaros... ¿Cree usted señora que las semillas germinarán a la vera del camino?-
- Así es hijo mío. Aunque muchas se pierdan,  algunas acaban cayendo en la tierra y con el tiempo van a brotar.-
- Aún así... demorarán en crecer... necesitan agua...
-Ah, yo hago mi parte. Siempre hay días de lluvia y si alguien arroja las semillas, las flores nacerán.

Diciendo esto, se dio vuelta hacia la ventana y recomenzó su trabajo.

El hombre descendió luego más adelante, pensando que la señora ya estaba senil.

Paso el tiempo...
Y un día, en el mismo ómnibus, el hombre al mirar para afuera percibió flores en la vera del camino...
Muchas flores...El paisaje colorido, perfumado y lindo!
Se acordó entonces de aquella señora.                                                                               
La buscó en vano.                                                                                                               
Le preguntó al chófer que si la conocía,  a todos los pasajeros del viaje.

-¿La viejecita de las semillas?....                                                                                     

Pues ... Murió hace cerca de un mes.
El hombre se volvió a su lugar y continuó mirando el paisaje florido por la ventanilla
Quién diría, ¡las flores han brotado!
¿Pero de qué le valió su trabajo?                                                                                 
“ Murió y no pudo ver toda esta belleza.”

En ese instante, oyó risas de criatura., en el asiento de enfrente, una niña señalaba por la ventana,
entusiasmada:

-¡Mira qué lindo! Cuántas flores por la ruta... ¿Cómo se llaman esas y aquellas...?

Entonces, entendió lo que aquella señora había hecho.
Aunque no estaba ahí para ver hizo su parte, dejó su marca, la belleza para la contemplación y la felicidad de las personas.

Al día siguiente, el  hombre subió al ómnibus,  se sentó junto  a la ventanilla  y sacó un paquetito de semillas de su bolso,  mientras su cámara fotográfica  descansaba entre sus piernas…

  

                                                                                                            CESO

jueves, 12 de abril de 2012




UN SACO Y UNA CORBATA  EN EL REPALDO DE UNA SILLA


   Desde los enorme ventanales del edificio que parecía un escaparate, veíamos pasar el mundo.
   En esa enorme habitación  de cristal  donde podían verse camisas almidonadas y trajes brillantes por el uso, se encontraba sentado en su escritorio sin levantar la vista  y llevando la contabilidad de unos de los Bancos del lugar fuera del horario de atención al público, Eusebio Leguizamón, el gordo  Leguizamón  como era conocido por todos,  de estatura mas bien baja y barriga pronunciada, con el pelo a la gomina siempre peinado hacia atrás , su cara redonda de grande papada y unos antejos de gruesos vidrios redondos tipo John Lennon cuyas patillas se perdía a los costados de su cara,  parecía el típico traga de la escuela, el que siempre le llevaba una manzana a la maestra y el tipo ideal para jugarle una broma, sobretodo porque era a pesar de tener casi cuarenta años, muy inocente. De vez en cuando levantaba la cabeza cuando algún cliente  golpeaba el vidrio desde la vereda para llamar su atención y ser atendido por la puerta auxiliar que quedaba al costado el Banco donde normalmente se manejaba el ordenanza fuera del horario bancario.
     Alquilaba una habitación en una pensión ubicada  a pocos pasos del  Banco,  la que  usaba solo para dormir, ya que su vida de lunes a viernes estaba allí, en medio de documentos, carpetas, libros de contabilidad  y miles de papeles como hojas secas de un crudo invierno amontonadas en un rincón por el viento como esperando ser recogidas por el placero del barrio.
   Los fines de semana se iba para la ciudad donde tenía un departamento, que nadie llegó a conocer; cuando llegaba el día viernes se apuraba mas de lo normal para, de esa manera; quedar liberado temprano y poder tomar el transporte de las 18 h que lo llevaría hasta la Capital, al despedirse de nosotros siempre decía la misma frase:

- Hasta el Lunes compañeros, me voy a mi casa “y a vivir la vida no mas” !!! 

    No se entendía que quería decir con eso de “ Y a vivir la vida”, de todos modos repetíamos a coro, hasta el lunes Gordo, cuídate.

    Un día lunes, después de un largo feriado que había comenzado un Jueves, al entrar al Banco dos horas antes  que el ordenanza levantara la cortina metálica y retirara la traba a la puerta principal para la atención de la clientela, sentimos, a medida que íbamos entrando por la puerta lateral un olor nauseabundo dentro del recinto y no se sabia de dónde provenía, en la cocina no había nada que lo delatara, del sótano donde se encontraba el deposito de talonarios, viejos legajos y planillas diversas no provenía, entonces, de dónde sale ese olor nos preguntábamos.
    A los pocos minutos llegó Leguizamón, entrando como si fuera un huracán, con la corbata fuera del traje y media camisa salida por afuera del pantalón, y antes que alguien le hicieran alguna pregunta,  abrió  un cajón de unos de los muebles, el olor se hizo aun mas penetrante e insoportable, luego sacó  un paquete envuelto en diarios, al abrirlo había un pollo crudo ya de color verde de podrido,  un cliente se lo había llevado de regalo aprovechando el largo feriado para que se lo hiciera al horno con papas y disfrutarlo ese fin de semana  y él lo dejo como un huérfano abandonado a su suerte durante todo el fin de semana  ahí guardado.
     Salimos todos del lugar a modo de evacuación, dejándolo solo con la prueba del delito, el gordo lloraba sin saber que hacer, no sabíamos si lo hacía por la situación en que se encontraba o por haberse quedado sin su pollito al horno.
     El olor duro varios días en irse del todo, solo que los clientes al preguntar de dónde provenía ese olor tan desagradable, decíamos del gordo Leguizamón sin dar muchas explicaciones, la gente lo miraba con cierta desconfianza, y ninguno quería ser atendido por él a pesar de  su simpatía y contagiosa sonrisa; por supuesto que al cabo de unos días, comenzamos a explicarles el verdadero motivo del olor, pobre gordo, nunca se enteró el porqué del rechazo de los clientes hacia él.
    Éramos doce  empleados en la sucursal , entre el gerente, contador, tesorero, jefe de área, auxiliares contables y ordenanza, cada uno tenia su propia historia, sus dramas, sus conflictos y sueños.
   Casi siempre nos  juntábamos, sobre todo los fines de semana  o en algún feriado a comer un asado, algunos tocaban la guitarra, cantaban, contaban cuentos y otros recitaban poemas gauchos.
   Y así pasaban las horas entre risas, cuentos y mentiras piadosas hasta que comenzábamos a despedirnos y cada uno se iba para su casa.
    El día lunes llegaba tan rápido que parecía que nunca habíamos dejado ese recinto, y otra vez de saco y corbata con cara de empleados responsables y fieles cuidadores de las finanzas de nuestros clientes nos encontrábamos realizando nuestro trabajo.
   Cada uno tenía una función determinada ya que el banco se dividía en varios sectores y cada uno era responsable del mismo; por ejemplo estaba el sector de Caja de Ahorro, el de Cuentas Corrientes, Documentos Descontados, Giros y Remesas, etc.
    Yo estaba a cargo de la Secretaria de Gerencia, o sea era secretario del Gerente  dedicándome a la parte crediticia, por lo que debía tomar las Manifestación de bienes de nuestros clientes para ser clasificadas por éste, de esa clasificación surgiría el monto del crédito que recibirían.  Mientra mas capital poseían, mas alta sería la clasificación.
  Eso  incluía propiedades para ser hipotecadas,  todo el mobiliario que contenía el negocio, como así también los rodados que eran prendados, o sea que el cliente si quería progresar o necesitaba una ayuda financiera tenía que entregar el alma al diablo, lo triste era cuando no podían pagar esos créditos o se atrasaban en su devolución , comenzaban los juicios, desalojos y clausuras, eran esos los momentos en que hubiera querido que me tragara la tierra, fue muy desagradable ver a esa gente desfilar por los pasillos pidiendo al Gerente una segunda oportunidad para no perderlo todo y éste como si fuera Don Corleone, en la película El Padrino, me hacia una seña para que le alcanzara la carpeta donde contenía todos los datos del cliente y ver que otra cosa se le podía sacar al pobre hombre para terminar de estrujarlo.
  Si bien se trataba de mi trabajo, yo también formaba parte de ese sistema  Éramos usureros de traje, corbata y guantes blancos.
  Una vez creí haberme vengado a mi modo, el banco recibió de casa central una importante partida de dinero para ser  distribuida en préstamos personales para  la compra de artículos del hogar o para reforma de viviendas.  El gerente me dio la libertad para que yo los manejara a mi modo teniendo en cuenta el capital a repartir y que todos los requisitos solicitados como así también los formularios a llenar, estuvieran correctamente cumplimentados y  que él aprobaría no mas de dos préstamos por día.
    Fue así que cuando se  corrió la voz en el pueblo, comenzaron a llover las solicitudes y el cajón de mi escritorio a llenarse de carpetas inconclusas porque siempre faltaba algún requisito a completar por los futuros clientes.
    Los que las completaban enseguida, terminaban siendo, los hijos, hermanos, primos, sobrinos de los clientes que recibían el dinero enseguida;  siempre y cuando no vinieran con prepotencia, de lo contrario sus carpetas quedaban para el último y luego estaban los otros, los menos pudientes ( los que quedaban en la lista de espera porque siempre les faltaba algo a completar). Hasta que un día me llamó el gerente para comunicarme que en una semana se cerraban los créditos, que aquellos que no habían cumplido  con los requisitos quedaban afuera.
   Comencé a llamarlos uno a uno e incluso a ubicarlos en sus casas los que no tenían ni siquiera teléfono y los cité uno a uno en el Banco, algunos de los que llegaban eran mirados por los clientes mas antiguos con cierta desconfianza ya que sus vestimentas no eran las apropiadas para hacer ese tipo de tramites.
   Terminé completando sus carpetas con algunos datos falsos y tras un pacto ellos me prometieron que cumplirían con los pagos de las cuotas, de todos modos,  entre nosotros  si no lo hacían el banco no  iba a poder nunca ejecutar sus deudas, porque nada tenían materialmente para sacarles aunque espiritualmente lo tenían todo.
   Pero no fue necesario, porque los únicos que cumplieron con la devolución del mismo en cómodas cuotas fue justamente esa gente, los menos pudientes, los que me dieron su palabra sin necesidad de ningún papel de por medio, los que todos los meses se arrimaban hasta el sector donde me encontraba, para saludarme y extenderme sus ásperas manos a través del mostrador a modo de agradecimiento, debiendo morderme los labios en muchas ocasiones para que no se escapara una lágrima por sus actitudes tan nobles.

    Mario Fernandez era el mas alegre del grupo el que siempre estaba haciendo bromas, era el encargado del sector cuentas corrientes, o sea que al igual que yo, estábamos en sectores claves, ya que Mario conocía el capital de los clientes por los movimientos y depósitos que estos realizaban y yo por las manifestaciones de sus bienes,  conocía sus situaciones financieras.
  En ese entonces el banco decidió a manera de prueba cambiar el horario de atención al público, cuando se estaba acercando el invierno, en vez de abrir a las 8 h de la mañana decidió hacerlo a partir de las 11 h hasta las 15 h, y permitir entre las 12 h y las 13 h dejar salir a su personal en grupo de a dos por 15 minutos para comer algo, algunos preferían llevar su almuerzo y consumirlo allí mismo.
   A mi tocó salir con Mario, iniciándose la siguiente conversación por su parte:

 - Estaba mirando las cuentas corrientes de alguno de nuestros clientes, en especial los chatarreros ( así se le daba por  nombre a aquellos que vivían de  la compra y venta de cartón, papeles, botellas, vidrio, plástico, etc., es decir todo aquello que  es reciclable), es mas el dinero que depositan que el que retiran.

- Si, respondí, a mi también me llamó la atención  sus manifestaciones de bienes,    tiene varias propiedades, automóviles de marca y modelos nuevos y son  los que menos prestamos piden.

- No estará ahí el negocio?   ¿Y si nos dedicamos a juntar cartón, botellas y hacemos lo mismo?  _me preguntó.

 -  Puede ser le respondí, solo por cortesía sin prestarle mucha atención a su comentario final .

    Se produjo un silencio mientras cada uno pensaba a su modo en lo que acabábamos de conversar, pasándose así los 15 minutos que teníamos destinados para el almuerzo, obligándonos a regresar al Banco.


    Al día siguiente la misma rutina, llegó el medio día y salí con Mario para almorzar, iniciando nuevamente su conversación como si hubiese quedado inconclusa:

-  Estuve pensando en lo que hablamos ayer y me decidí, voy a comenzar con el  negocio ahora mismo, me dijo

   Y fue así que transitando con mi Pick up por el boulevard que nos llevaba hasta su casa  al pasar por los tantos negocios ubicados a cada costado del mismo, una de las tiendas que se dedicaba a la venta de artículos para el hogar había dejado  un montón de cajas de cartón apiladas en la vereda para ser llevadas supongo por el basurero.

-  Estas viendo, me dijo Mario, detené la camioneta, se  bajó de la misma ,se quitó  el saco, colocó el  extremo de la corbata dentro de la camisa , se arremangó y  comenzó a cargar todas las cajas.
  
-  Vamos, dijo, que todavía nos quedan 10 minutos más antes de  volver al banco.  

     Y  así cada dos o tres tiendas me obligaba a parar para cargar más y más cajas, papeles y todo lo que él  consideraba de importancia.
   Luego íbamos hasta su casa a descargar su botín y nos volvíamos al  Banco sin haber probado bocado.
   Hasta que un día al entrar al banco, vimos al gerente que se encontraba parado en la puerta de su despacho:

-  FERNANDEZ, GONZALEZ, dijo con vos de mando, ¿serían tan  amables de acercarse a mi  oficina ?

  Nos miramos con Mario y sin decir nada nos encaminamos por el pasillo, la puerta estaba abierta y al asomarnos escuchamos la voz del gerente nuevamente :

-  Pasen criaturas y  cierren la puerta  por favor.

     Así lo hicimos, y sin mas preámbulo, después de invitarnos cordialmente a tomar asiento nos dijo:

-   Pero muchachos, que están haciendo, déjense de embromar, ¡cómo puede ser que  estén haciendo estas cosas !, el banco es como un Templo, con normas y ética, que tienen que seguir y respetar,  son ustedes los representantes de esta noble entidad y  tienen  que dar el ejemplo.

- No sabemos de que esta hablando Don Alfredo, dijo Mario  tragando saliva y  haciéndese el  victima.

-  No sabemos de que esta hablando Don Alfredo - repitió nuestro jefe conteniendo su ira, -agregando no se haga el estúpido, que de ranas como usted  tengo la sartén llena y justamente usted  es el que esta mas  comprometido - y dirigiéndose a mi , el cómplice, me dijo, - con usted tendré otro tipo conversación-.

   Me hundí en el sillón lo mas que pude deseando con todas mis fuerzas que me tragara en ese mismo instante, ya que nos habíamos dado cuenta porqué nos encontrábamos ahí, frente a  don Alfredo  ya que como todavía estábamos en horario bancario no podía levantar mucho la voz por lo que solo se limitaba a ponerse cada vez mas colorado de rabia que parecía a punto de explotar. Y ante el temor que eso sucediera nos dijo:

-   Pueden irse por ahora, con usted  Gonzalez, queda algo pendiente.

  Salimos con Mario,  una vez fuera del despacho, nos miramos y empezamos reírnos de nervios o porque de alguna manera habíamos roto con toda esa burocracia, falsedad y personas intocables.  A partir de ese momento dejamos de ser robot, para convertirnos en personas de carne y hueso, creo que nuestros pensamientos coincidieron, quizás sentíamos un poquito de vergüenza por lo ocurrido, pero no arrepentimiento, que se vayan al diablo dijimos.
   El Banco cerró sus puertas a las 15 h.  
Habían dos o tres clientes todavía por atender, el jefe de área, un flaco alto, de nariz pronunciada y de orejas grandes como dos radares de la NASA y perpendiculares a su cabeza , quien no me tenía mucha simpatía porque mi jefe directo era el gerente, se acercó a mi escritorio y colocando una mano debajo de la axila y la otra con el dedo índice  levantado a modo de acusación dijo  provocándome:

-   ¿No le da vergüenza, Gonzalez?  deberían pedir los dos disculpas por haber  manchado el nombre de esta “noble Institución” y a cada uno de nosotros por sus actitudes.  ¿Que es eso de andar por las calles recogiendo basura como si fuera pordioseros?  y nada menos siendo funcionarios y guardianes, como dice Don Alfredo de este “Templo” fundado por nuestro mentor y padre, nada  menos que el Dr. Carlos Pellegrini
  
 Me levante de mi silla, apoyé los nudillos de mis manos en el escritorio y con toda mis fuerza le dije:

-   Porque no te vas al diablo alcahueta !

-  ¡Aaaaa ay !, dijo asombrado, con voz de pito y yéndose espantado.

    Acababa de decir eso, cuando lo veo a Don Alfredo en la puerta de su despacho, haciéndome señas para que fuera hasta allí.
   Me convidó a entrar, me dijo que cerrara la puerta y con voz paternal me preguntó que me estaba pasando, que nunca me había visto así de agresivo, que si era su secretario era porque confiaba en mi y no quería cambiar de opinión.-.
   Le pedí mil disculpas, y le prometí que esta sería la primera y única vez que me tendría que llamar la atención, no solo por lo sucedido recientemente sino por lo anterior también.  De todos modos yo sentía un gran aprecio por Don Alfredo.-
  Igual  fui notificado por escrito, ya que Don Alfredo tenía que dar el ejemplo ante el resto de sus subordinados y de alguna manera para calmar al Jefe de Área que se sentía totalmente ofendido como una mujer despechada, y que si hubiera por él yo terminaba en la calle.-
  Los días continuaban pasando, lo de ser chatarrero quedó como una anécdota, hasta que un día lunes llegaron dos policías solicitando hablar con el Gerente, como yo era el que los debía anunciar, los hice pasar una vez que el Gerente medio el sí, pero antes de cerrar la puerta busqué la silueta del jefe de área y allí estaba con sus orejas que comenzaban a moverse para todos lados como buscando una señal satelital y de esa manera intentar escuchar lo que los dos Policías tenían que decir, busqué su mirada antes de  cerrar la puerta practicante en su cara quedándome adentro del despacho sabiendo la rabia que le iba a dar con mi actitud.
   Pero esta vez no venían a solicitar un crédito ni nada parecido, venían a darnos una mala noticias, Eusebio Leguizamón, el querido gordo Leguizamón, había fallecido en su departamento de la Capital victima de asfixia a causa de un calefactor instalado sin ventilación alguna, lo encontraron solo al igual que aquel pollo huérfano y abandonado por él meses atrás.
  El viernes se había despidió de nosotros como todos los fines de semana lo hacía con su amplia sonrisa:

-  Hasta el Lunes compañeros, me voy a mi casa, “y a vivir  la vida no más” !!! 

   Estas son las ironías y las bromas de esta vida.

  Al poco tiempo renuncié al Banco para dedicarme a otra cosa, me hicieron una pequeña despedida, y cuando estaba retirando las cosas de los cajones de mi escritorio, el gerente del banco me llamo a su despacho, abrió su pequeña caja fuerte y extrajo de una carpeta personal,  un  documento en  que se alcanzaba a ver mi firma, me lo entregó para que hiciera con él lo que quisiera,  se trataba de la notificación que me había hecho algún tiempo atrás por lo ocurrido con el Jefe de Área y que nunca llegó  a manos de los superiores, ni figuró en mi legajo, el cual fue archivado sin ninguna mancha y  con excelentes notas de recomendación.

  Me saqué el saco y la corbata dejándolos en el respaldo de la que ya no era mi silla, al igual que un boxeador que cuelga sus guantes después de su última pelea , salí del Banco sintiendo cómo se cerraba la cortina metálica a mis espaldas, cuando crucé la calle desde el otro extremo me di vuelta para ver el edificio donde antes, a través de sus enormes ventanales veía pasar el mundo y aquél que había sido el mío, quedaba encerrado para siempre en esa enorme habitación de cristal.-


                                                                                                           CESO